Si es que no deberías haber entrado a este blog. Y mira que hay blogs por ahí, pero no, tu tenías que haber entrado a este.
Ahora seguro que te enganchas a leerme cada día, y claro, luego soy yo el que tiene remordimientos de conciencia por tu adicción.
Vete, vete ahora que puedes, porque como te vicies a este blog lo tendrás crudo. No hay nada más triste que ser un blogodependiente.
Lo siento por ti.

